El costo invisible de no decidir. Juan Carlos García Barcala

El costo invisible de no decidir. Juan Carlos García Barcala

 
Hay decisiones que duelen porque implican riesgo. Y luego están las otras: las que duelen precisamente porque no se toman.

En el mundo empresarial solemos hablar mucho del costo de equivocarnos. Nos preocupa invertir en algo que no funcione, entrar a un mercado equivocado o apostar por una iniciativa que no entregue resultados. Pero pocas veces hablamos del otro costo, quizá más silencioso y más peligroso: el costo de esperar demasiado.

Peter Drucker lo planteó con una claridad que sigue vigente: "La planeación a largo plazo no es pensar en decisiones futuras, sino en el futuro de las decisiones presentes.” Una idea que ya he explorado antes y que sigue siendo profundamente vigente. El futuro no empieza cuando finalmente actuamos; comienza a construirse, o deteriorarse, desde aquello que hacemos hoy… y también desde lo que elegimos postergar.

Porque no decidir también es una decisión.

Y, sin embargo, las organizaciones son expertas en disfrazar la indecisión. Le llamamos prudencia. Esperar más información. Darle tiempo al mercado. Buscar consenso. A veces esas pausas son inteligentes; otras, solo son una forma elegante de evitar conversaciones incómodas.

Jim Collins insistía en algo que suele incomodarnos: las grandes organizaciones no destacan porque tengan respuestas perfectas, sino porque enfrentan primero los hechos incómodos, los brutal facts. Y ahí suele aparecer el verdadero problema.

Muchas empresas no están paralizadas por falta de información. Están paralizadas por el costo emocional de decidir.


Decidir implica renunciar. Reconocer que un producto quizá ya no tiene futuro, que un mercado dejó de ser atractivo o que un modelo que antes funcionó hoy necesita replantearse, dejar ir a una persona que ya no aporta o que afecta al desempeño del equipo. Ninguna de esas conversaciones es cómoda. Pero evitarlas no elimina el problema; simplemente lo hace más caro.

Muchas organizaciones postergan cambios esperando mayor claridad o mejores condiciones. Lo paradójico es que, mientras esperan, el entorno sigue avanzando sin pedir permiso.

Collins lo entendió bien: la grandeza rara vez llega por un golpe de genialidad. Llega decisión por decisión, disciplina por disciplina. Porque decidir es apenas la mitad del camino; la otra mitad es sostener la decisión el tiempo suficiente para que produzca resultados.

Hace poco reflexionaba sobre un caso que ilustra bien esta tensión. Sanborns decidió frenar la expansión de nuevas tiendas y concentrarse en fortalecer tecnología, productividad y experiencia. Puede parecer un ajuste menor, pero detrás hay algo más profundo: reconocer que crecer como siempre se creció no necesariamente sigue siendo la mejor respuesta. Y esa quizá es una de las decisiones más difíciles para cualquier organización.

No hay que romantizar las decisiones difíciles. Algunas saldrán mal. Eso es inevitable. Pero suele salir peor permitir que la falta de decisión se vuelva una política no escrita dentro de la empresa.

Al final, las empresas rara vez colapsan por una sola gran mala decisión. Muchas veces se desgastan lentamente por decisiones que nunca se tomaron o por cambios que llegaron demasiado tarde.

Porque sí, equivocarse cuesta.

Pero no decidir también. Y a veces, mucho más de lo que imaginamos.

Si te interesa escuchar un caso reciente donde esta tensión aparece con claridad, te comparto mi episodio de Estrategia en Tiempo Real sobre la decisión estratégica de Sanborns y el momento en que seguir creciendo como siempre… deja de ser 
la mejor respuesta.

Liga al episodio
https://open.spotify.com/episode/3ie0GFBruXEiUZ6SHU6HhP?si=jdAVavbJQ-qysWAmjcZnVg

Juan Carlos García Barcala

Juan Carlos es ingeniero industrial y de sistemas por el Tecnológico de Monterrey, con una Maestría en Sistemas de Calidad y Productividad y una especialidad en Administración Financiera. Actualmente, es socio director de PlanEs, empresa de consultoría en planeación estratégica. Ha sido Director General de la Agencia para el Desarrollo de Yucatán y Coordinador General de Proyectos Estratégicos. Apasionado de la tecnología, la lectura, la familia y la buena comida, es también fan del Real Madrid. Su carrera combina excelencia profesional con un enfoque integral en su vida personal.

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