Entre Jesús y Maquiavelo: Un liderazgo con propósito. Manuel Gil Pérez

Entre Jesús y Maquiavelo: Un liderazgo con propósito. Manuel Gil Pérez

 
Entre Jesús y Maquiavelo: Un liderazgo con propósito en mundos opuestos.

En mis más de tres décadas de trayectoria profesional, dividido entre la solidez de una institución federal y el dinamismo del mercadeo relacional, he aprendido que el liderazgo no es una fórmula única, sino un arte de adaptación. Constantemente, me he visto navegando entre lo que, a primera vista, podrían parecer filosofías opuestas: el liderazgo inspirador y de servicio que asociamos con figuras como Jesús, y la estrategia pragmática y orientada a resultados que a menudo se atribuye a Maquiavelo. Sin embargo, mi experiencia me ha demostrado que ambos enfoques, cuando se anclan en un propósito con principios y valores se vuelven una brújula ética inquebrantable, son herramientas poderosas para el éxito y el bienestar colectivo.

Todos los días como responsables de nuestras actividades, cualesquiera que ellas sean, nos vamos enfrentando a la toma de decisiones, desde qué vamos a desayunar, si haremos o no ejercicio, cuáles serán las metas del día por alcanzar, siempre hay un constante cruce de caminos. Cuando estás en una estructura de organización de mandos, las decisiones suelen implicar estructuras rígidas, regulaciones estrictas y, en ocasiones, la necesidad de implementar medidas que, aunque impopulares, resultan vitales para la eficiencia operativa o la estabilidad financiera de la organización. Aquí, el liderazgo de posición se vuelve una realidad muy visible. Siempre existirán momentos en que la urgencia demande la toma de decisiones directas y mandantes, donde el "fin" de asegurar el "resultado” justifica los "medios" que sean requeridos con firmeza y, la mayoría de las veces, un distanciamiento emocional para ejecutar lo necesario.

Sin embargo, incluso en estos escenarios, los valores y la ética deben actuar siempre como una brújula interna. La meta no se debe volver un beneficio personal, sino el bien común o el bienestar de la institución. Se trata de encontrar el equilibrio: ser firme sin ser tirano, tomar decisiones difíciles minimizando el impacto negativo, y comunicar con la mayor transparencia posible las razones detrás de cada acción. La delgada línea y diferencia que existe entre este equilibrio es lo que el escritor Stephen Covey menciona en su libro los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, como la ética de la personalidad y la ética del carácter.

Cuando desarrollas un liderazgo, no por posición, representa un reto completamente diferente. La influencia e inspiración se convierte en el motor principal. No hay estructuras jerárquicas impositivas; el crecimiento se basa en la confianza, la duplicación y la motivación. Construir un equipo de alto desempeño significa empoderar a cada individuo, celebrar sus éxitos y acompañarlos en sus desafíos. Es un liderazgo que exige empatía, escucha activa y una profunda creencia en el potencial de cada persona. Las decisiones, en este contexto, no se imponen, sino que se concilian, buscando alinear los objetivos individuales con la visión colectiva. Aquí, la transparencia debe ser total, y el "fin" es el desarrollo y prosperidad de cada miembro del equipo, lográndolo a través de la formación, el apoyo y la inspiración.

Para un crecimiento constante y sostenido es necesario comprometerse primero con el aprendizaje y luego con el actuar del conocimiento aprendido.

El líder más efectivo no es aquel que se aferra a un único estilo, sino el que sabe cuándo aplicar cada uno, siempre con un propósito superior y una ética inquebrantable. El liderazgo "de Maquiavelo", entendido no como manipulación, sino como la capacidad de tomar decisiones prácticas y estratégicas en momentos críticos, es indispensable para la supervivencia y el progreso en entornos complejos. El liderazgo "de Jesús", basado en la inspiración, la empatía y el servicio, es fundamental para construir equipos unidos, fomentar la lealtad y generar un impacto positivo a largo plazo.

Para quienes buscan desarrollar su propio estilo de liderazgo, debes de considerar los siguientes puntos, que son mencionados por Simon Sinek en "El juego infinito”, para el logro de metas a muy largo plazo, metas incluso de trascendencia:

Ten una causa justa y define tu propósito: Una causa tan vital y motivadora que sea por encima de lo económico. El liderazgo debe anclarse en un propósito claro y noble. Este debe resonar con tus valores, idealmente alinearse con la misión de la organización a la que perteneces. Tus valores personales son la brújula que te mantendrá en el camino correcto.

Ten un equipo seguro e invierte en ellos: Un líder sabe que su fortaleza reside en las personas. Fomenta un ambiente donde la confianza impere, donde los errores sean oportunidades de aprendizaje y donde cada miembro se sienta valorado y protegido. Ya sea en una corporación o en un modelo relacional, empodera, forma, escucha y celebra los logros de tu equipo.

Ten un rival digno y siempre compárate con los mejores: La evolución constante del liderazgo exige mirar hacia arriba y más allá. No se trata de envidia, sino de inspiración. Identifica a aquellos que lideran con excelencia, tanto dentro como fuera de tu campo, y aprende de sus estrategias y filosofías. Esta mentalidad te impulsa a crecer y a buscar la mejora continua. Muchas veces nos quedamos viendo organizaciones y filosofías que no suman y si desgastan.

Desarrolla la flexibilidad existencial y estratégica: El contexto define el enfoque. Habrá momentos donde la firmeza será necesaria, para asegurar la operación, y otros donde la paciencia y la persuasión serán más efectivas, para motivar. La clave está en discernir cuándo aplicar cada enfoque, adaptándote sin perder tu esencia.

Ten la valentía para liderar y acepta el aprendizaje continuo: Liderar implica tomar decisiones difíciles, afrontar la incertidumbre y, a veces, ir contra la corriente. Se requiere valentía para mantener tus principios, incluso cuando las circunstancias son adversas. El liderazgo es parte de tu proceso de vida. Cada situación, cada éxito y cada fracaso, es una oportunidad para aprender, ajustar y mejorar. La autoevaluación constante es vital.

Al final, mi experiencia me confirma que se debe integrar lo mejor de ambos, utilizando la estrategia con inteligencia y la influencia con corazón, para siempre servir al bien común por encima del personal.

Manuel Gil Pérez

Hombre de familia y exitoso empresario en modelos innovadores de comercialización de productos de salud y bienestar. Dirige un equipo de emprendedores que han consolidado con éxito sus procesos comerciales a través del desarrollo de Liderazgo Transformacional cimentado en valores.

Instructor, conferencista en temas de desarrollo humano, liderazgo y bienestar y colaborador editorialista del Portal Líder Ejecutivo MX.




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