Responder vs. Reaccionar: la diferencia que impulsa tu desarrollo profesional. Maricela Parra

Responder vs. Reaccionar: la diferencia que impulsa tu desarrollo profesional. Maricela Parra

 
En el mundo profesional, los conocimientos técnicos siempre son importantes. Al inicio de un puesto, dominarlos te da seguridad y credibilidad. Pero incluso cuando llevas años en la misma posición, si quieres escalar o abrirte nuevas oportunidades, tarde o temprano descubres que lo técnico no es suficiente. Lo que realmente marca la diferencia es tu capacidad para gestionar emociones, construir relaciones y tomar decisiones con claridad. Y aquí aparece un tema clave: aprender a responder en lugar de reaccionar.

Lo que los libros te enseñan (y lo que no)

En los últimos años hemos escuchado mucho sobre habilidades blandas: inteligencia emocional, empatía, desarrollo de personas, escucha activa. Hay cursos, artículos y excelentes libros, como Inteligencia Emocional de Daniel Goleman y su aplicación en la empresa, o los textos de Harvard sobre cómo mantener conversaciones difíciles.

Todo ese conocimiento es valioso. Pero la realidad es que muy poco se logra si antes no trabajamos en nuestro propio autodesarrollo. Porque el nivel de cualquier habilidad blanda dependerá de algo más profundo: nuestros hábitos y nuestra práctica diaria.

Los hábitos que arrastramos

Los hábitos se aprenden. Los formamos en casa, con jefes anteriores, en culturas organizacionales donde alguna vez trabajamos. Y muchas veces, sin darnos cuenta, seguimos replicándolos en nuestro entorno profesional actual.

El problema es que esos hábitos no siempre fomentan la inteligencia emocional ni la escucha activa. En ocasiones, lo que reproducen son patrones reactivos, impulsivos o poco conscientes.

Reaccionar: cuando domina el impulso

Reaccionar es automático. Ante un estímulo —una persona, una noticia, una situación— surge un pensamiento, y ese pensamiento activa emociones profundas como la ira, el miedo o la angustia.

De ahí nacen los sentimientos: angustia, frustración, rencor. Y si no los identificamos a tiempo, terminan traduciéndose en una respuesta inmediata:

De manera verbal: lo que decimos y cómo lo decimos.

De manera no verbal: nuestras facciones, el tono corporal, la forma de mover las manos o el cuerpo.

El resultado es que estas reacciones pueden agravar situaciones, crear conflictos, romper relaciones, dañar nuestra reputación y, al final, lastimarnos a nosotros mismos.

Responder: elegir con conciencia

Responder, en cambio, es un acto deliberado. Implica detenerse, observarse y decidir cómo actuar. Es la práctica del autoconocimiento y, a partir de él, la autoconciencia.

El proceso puede parecer sencillo, pero requiere constancia:

  • Reconocer qué pienso y qué siento.
  • Preguntarme: ¿qué pasaría si respondo de esta manera?, ¿qué pasaría si no lo hago?
  • Respirar para calmar la emoción.
  • Tomar distancia, si es posible, para ver con objetividad.
  • Recabar datos antes de emitir un juicio.
  • Elegir cómo quiero responder.

De esta forma, elijo conscientemente mi tono, mis palabras y hasta mis gestos. Y cada situación deja de ser un terreno de riesgo para convertirse en una oportunidad de aprendizaje.





Convertir errores en retos

Cuando respondemos en lugar de reaccionar, los errores dejan de ser fracasos y se convierten en retos:

"Sí, me equivoqué en el informe.”
"Sí, respondí de forma equivocada.”

Pero esa misma situación se transforma en la posibilidad de crecer, aprender y fortalecernos como profesionales y como personas.


La invitación

La reflexión es clara:

¿Sigues culpando a otros de tus frustraciones?
¿O ya asumiste la responsabilidad de tus pensamientos, emociones y decisiones?

Solo cuando asumimos nuestro rol consciente y responsable aparece nuestro verdadero yo, ese que tiene la capacidad de responder mejor a las personas y a las situaciones con las que convivimos cada día.

Un último consejo

La próxima vez que un estímulo te saque de balance, antes de contestar: pausa y respira.

Pregúntate:

  • ¿Qué estoy pensando?
  • ¿Qué estoy sintiendo?
  • ¿Qué pasaría si respondo de esta forma?
  • ¿Qué pasaría si lo hago de otra manera?

Esa breve pausa puede ahorrarte conflictos, abrir oportunidades y recordarte que, al final, reaccionar es automático… pero responder es elegir.

Maricela Parra


Maricela Parra es Psicóloga, Neurocoach Profesional y MBA en Dirección de Talento. Su misión ha sido siempre una: impulsar el crecimiento humano y empresarial desde adentro hacia afuera.

Con más de dos décadas de experiencia, ha dejado huella en el sector financiero y comercial trabajando con empresas como ING-Bital e Inbursa, y liderando equipos de alto rendimiento en corporativos internacionales como Avon Cosmetics México, American Express México y Belcorp. También ha llevado su liderazgo al mundo inmobiliario con Grupo Orve y Marnez Desarrollos.

Hoy, como directora de su firma Astrea – Instituto de Desarrollo Empresarial y Profesional, Maricela acompaña a líderes y organizaciones a transformarse con estrategias que combinan gestión por competencias, neurocienca, coaching y experiencia real en los negocios. Además, comparte su visión en la revista Líder Ejecutivo, donde inspira a profesionales a convertirse en la mejor versión de sí mismos.

Su trayectoria refleja algo más que logros: refleja una vocación por desarrollar personas, fortalecer equipos y abrir caminos hacia el éxito sostenible.

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