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La parte incómoda de ser líder. Karen Salas Tejero
La parte incómoda de ser líder. Karen Salas Tejero
Hablar de liderazgo suele ser sencillo cuando hablamos de visión, inspiración, equipos motivados, grandes resultados y personas que confían en nosotros.
Pero hay una parte del liderazgo de la que hablamos mucho menos: la parte incómoda.
Porque liderar no siempre significa caer bien. No siempre significa tener consenso. Y, en ocasiones, tampoco significa sentirse acompañado.
A veces, liderar significa estar solo.
Significa tomar una decisión que sabes que no todos van a entender. Decir "no” cuando sería mucho más fácil decir "sí”. Señalar un problema que todos prefieren ignorar. Cambiar una forma de trabajar que lleva años funcionando, aunque ya no sea la mejor. O incluso cuestionar una regla que nadie recuerda por qué existe, pero que todos siguen cumpliendo porque "siempre se ha hecho así”.
Y ahí comienza una de las partes más difíciles del liderazgo: romper con el status quo sin perder de vista a las personas.
No todas las decisiones populares son buenas decisiones
Un líder no está para ganar un concurso de popularidad.
Por supuesto que escuchar al equipo, generar confianza y construir consensos es fundamental. Pero existe una diferencia entre escuchar a las personas y permitir que la necesidad de aprobación determine nuestras decisiones.
Hay momentos en los que la decisión correcta puede generar resistencia.
Puede incomodar.
Puede provocar preguntas.
Incluso puede hacer que algunas personas piensen: "¿Por qué tenemos que cambiar esto si siempre lo hemos hecho así?”
Y precisamente ahí es donde el liderazgo adquiere sentido.
Porque si todo lo que hacemos busca conservar la comodidad del presente, difícilmente estaremos construyendo algo diferente para el futuro.
Romper paradigmas también tiene un costo
Los cambios importantes casi siempre generan cierta incomodidad.
Cuando cuestionamos procesos, estructuras, formas de pensar o maneras tradicionales de hacer las cosas, inevitablemente estamos cuestionando algo que alguien considera válido.
Por eso innovar dentro de una organización no consiste solamente en tener buenas ideas.
También implica tener la capacidad de defenderlas, argumentarlas y, cuando sea necesario, sostenerlas frente a la resistencia.
No significa creer que siempre tenemos la razón.
Al contrario: significa estar suficientemente abiertos para escuchar cuando estamos equivocados, pero también suficientemente firmes para no abandonar una buena decisión simplemente porque resulta incómoda.
La soledad del liderazgo
Existe además una paradoja.
Mientras más responsabilidad tiene una persona, menos personas existen con quienes puede compartir determinadas preocupaciones.
Un colaborador puede acudir a su jefe.
Pero ¿a quién acude el jefe cuando tiene dudas sobre una decisión que afectará a todo el equipo?
Hay conversaciones que un líder no puede trasladar al equipo porque necesita protegerlo de ciertas preocupaciones. Hay decisiones que debe procesar antes de comunicarlas. Hay momentos en los que debe mostrar seguridad mientras internamente también está tratando de encontrar respuestas.
Eso puede sentirse como soledad.
Y quizá una madurez del liderazgo consiste en aprender que sentirse solo en determinadas decisiones no significa estar haciendo algo mal.
Significa que existe una responsabilidad que, en ese momento, corresponde asumir.
Liderar no es tener todas las respuestas
Otra idea que vale la pena desmontar es que un líder debe parecer seguro todo el tiempo.
No.
Un buen líder también puede decir:
"No lo sé.”
"Necesito pensarlo.”
"Me equivoqué.”
"Quiero escuchar otras perspectivas.”
La firmeza no es lo mismo que la inflexibilidad.
Y tener autoridad no significa tener siempre la razón.
Quizá el verdadero liderazgo está en poder combinar dos capacidades aparentemente contradictorias: la humildad para cuestionarse y la valentía para decidir.
La incomodidad también es parte del crecimiento
Tal vez por eso liderar puede ser tan desafiante.
Porque muchas veces el liderazgo comienza justo donde termina la comodidad.
Cuando dejamos de hacer las cosas únicamente porque así se han hecho.
Cuando dejamos de buscar aprobación constante.
Cuando entendemos que cuidar al equipo no significa evitarle toda incomodidad.
Y cuando aceptamos que algunas decisiones necesarias no van a recibir aplausos inmediatamente.
El liderazgo no consiste en eliminar la incomodidad. Consiste en aprender a ejercer con propósito, criterio y humanidad.
Porque al final, liderar no debería significar ser la persona que tiene todas las respuestas ni la que todos quieren.
Quizá significa algo mucho más difícil:
Ser capaz de hacerte responsable de las decisiones que otros no quieren tomar, cuestionar lo que necesita ser cuestionado y abrir camino hacia un lugar al que todavía nadie sabe exactamente cómo llegar.
Y sí, algunas veces ese camino puede sentirse solitario.
Pero no necesariamente es señal de que estás caminando en la dirección equivocada.
A veces, simplemente significa que estás caminando delante.
Karen Salas Tejero
Mercadóloga y Maestra en Innovación por la Universidad de Barcelona. Cuenta con estudios de especialización en innovación y desarrollo de productos por el MIT, así como formación en Psicología Positiva Aplicada. Ha impulsado proyectos de transformación e innovación para empresas, universidades y organismos empresariales, además de desempeñarse como docente y conferencista en temas de innovación, marketing y desarrollo humano.
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