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La empresa como factor de producción. Adalberto Fueguemann
La empresa como factor de producción. Adalberto Fueguemann
La economía clásica reconoce tres factores de producción: la tierra, cuyo pago es la renta; el trabajo, remunerado con el salario; y el capital, que recibe como pago la tasa de interés. Con el tiempo, la economía de libre mercado añadió la tecnología de la información, y la economía postmoderna subrayó que el conocimiento es hoy el principal motor productivo, articulado en gran medida a través de la inteligencia artificial.
Sin embargo, existe un factor adicional que suele pasar desapercibido: la empresa. Desde un pequeño "changarro” hasta corporaciones como Microsoft, Google o Tesla, la empresa es el verdadero núcleo que articula los demás factores y define si una economía crece o se estanca. Por ello, debería reconocerse como el sexto factor de producción.
El papel del empresario
Para que exista empresa, se requieren empresarios. Como señaló Guillermo Said, en México abundan los "dueños” pero escasean los verdaderos emprendedores. El empresario, desde el artesano medieval hasta el director de una sociedad moderna, cumple una función esencial: combinar los factores de producción de la manera más eficiente para generar valor añadido y beneficios.
El proceso inicia con la concepción de un producto o servicio, seguido de la búsqueda de un mercado. El precio se convierte en la brújula del empresario:
- Indica qué productos son demandados y requieren mayor oferta.
- Señala cuáles son rechazados por inutilidad o saturación.
El precio de venta debe cubrir los costos de tierra, trabajo y capital, asegurar la retribución del empresario, fomentar el crecimiento de la empresa y generar empleos, manteniéndose accesible para el mayor número de consumidores.
Productividad y rendimientos
La productividad es el corazón de la competitividad. Según Paul A. Samuelson, la ley de rendimientos decrecientes establece que, a medida que se incrementa un factor mientras otros permanecen fijos, la producción adicional tiende a disminuir. El empresario debe detener la expansión cuando el ingreso marginal iguala al costo marginal: allí se encuentra el punto de equilibrio y los beneficios máximos.
El progreso de la productividad ha sido el motor del aumento en los niveles de vida, impulsado por el maquinismo, la producción en serie y la expansión de mercados. Hoy, la inteligencia artificial y el conocimiento representan nuevas palancas de productividad, aunque también enfrentan riesgos de estancamiento en economías occidentales.
Evolución y concentración empresarial
La empresa ha cambiado radicalmente desde el capitalismo liberal hasta la era de las megafusiones. La competencia perfecta, idealizada por los economistas clásicos, rara vez existe en la práctica: genera despilfarro, sobreproducción en algunos bienes y escasez en otros.
Ante estas limitaciones, el Estado ha intervenido en sectores estratégicos y las crisis cíclicas han impulsado la concentración empresarial. Este fenómeno ofrece ventajas:
Producción en grandes series con costos más bajos y calidad superior.
Creación de departamentos de investigación y ventas.
Acceso al mercado de capitales mediante cotización en bolsa.
Reducción de precios gracias a compras masivas de insumos.
La concentración puede ser horizontal (entre empresas del mismo sector) o vertical (absorbiendo proveedores o distribuidores). En el siglo XXI, este modelo domina la economía global y confirma que la empresa, más que nunca, debe entenderse como un factor de producción esencial.
El economista Michael Parkin incorpora la capacidad empresarial como un factor de producción distinto de la tierra, el trabajo y el capital. La empresa no es solamente el lugar donde se reúnen esos recursos: es el agente que los organiza, asume el riesgo, incorpora conocimiento y tecnología, y los transforma en producción, empleo y valor económico.
A estos puede añadirse el conocimiento tecnológico, entendido como el conjunto de métodos, información y capacidades que permiten combinar los factores anteriores con mayor productividad.
Parkin no denomina al cuarto factor simplemente "empresa”, sino habilidad empresarial. Sin embargo, podemos interpretar a la empresa como la materialización institucional de ese factor: el espacio en el que se coordinan tierra, trabajo, capital, tecnología y conocimiento para producir bienes y servicios.
Y la precisión sobre habilidad empresarial es importante, sobre todo cuando observamos que anualmente nacen y desaparecen, en México, cerca de 300 mil empresas. Se requiere de la estructura material, pero hay que conducirla con calidad, eficacia, eficiencia y congruencia. Y esto es válido para los sectores público, privado y social.
William J. Baumol, estudió al empresario como agente de innovación y distinguió entre emprendimiento productivo, improductivo y destructivo, dependiendo de los incentivos institucionales. Su trabajo más citado sobre el tema es Entrepreneurship: Productive, Unproductive, and Destructive.
Adalberto Fueguemann
Economista, Catedrático, Consultor y Editorialista de Prestigiados medios especializados en Economía y Finanzas a nivel nacional.
Miembro de número del Centro de Excelencia en Gobierno Corporativo (Deloitte-Universidad Anáhuac).
Participó como negociador del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá. En FONATUR ocupó las Direcciones Generales Adjuntas de Administración e Inversiones Turísticas. En la Iniciativa Privada fue Director General en diferentes corporativos: Grupo Industrial BONASA, High Yield Consulting, Grupo Energético del Sureste, Grupo Tablex, Industrial Harinera "La Asunción”, Grupo HARUN y Fundación Tamariz Oropeza.
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Samuelson, P. A. (2009). Economía (19ª ed.). McGraw-Hill.
Saint-Simon, H. de (1975). Escritos económicos y sociales. Alianza Editorial.
Schumpeter, J. A. (2003). Capitalismo, socialismo y democracia. Fondo de Cultura Económica.
Porter, M. E. (1985). Ventaja competitiva: creación y sostenimiento de un desempeño superior. Editorial Deusto.
Drucker, P. F. (1993). La práctica de la dirección de empresas. HarperCollins.
North, D. C. (1993). Instituciones, cambio institucional y desempeño económico. Fondo de Cultura Económica.
Baumol, W. J. (1996). Entrepreneurship: Productive, unproductive, and destructive. Journal of Business Venturing, 11(1), 3-22.
Baumol, W. J. (2007) Good Capitalism, Bad Capitalism, and the Economics of Growth and Prosperity (2007): Escrito junto a Robert E. Litan y Carl J. Schramm.
Parkin, M. ( 2022). Economics (Global Edition). Pearson Education Limited.
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