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¿Inteliencia a la Baja? Manuel Gil Pérez
¿Inteliencia a la Baja? Manuel Gil Pérez
En una reciente entrevista que escuché en Radio Fórmula, el doctor José Antonio Lozano Díez, rector del IPADE, conversó con Joaquín López-Dóriga sobre la inteligencia. El pasado 28 de junio, mencionó que la inteligencia de la nueva generación de niños ha bajado en un 7% en promedio, cuando históricamente venía incrementándose generación tras generación.
Su plática hace referencia, básicamente, a los nuevos estilos de vida, al tiempo frente a las pantallas de los celulares, al tipo de contenido que se está consumiendo y a la afectación que esto genera en el cerebro límbico.
Investigando un poco qué es la inteligencia, la Real Academia Española la define como la capacidad de entender o comprender, la aptitud para resolver problemas y el acto de entender, relacionándola directamente con la comprensión y el raciocinio.
Existen distintos indicadores que nos ayudan a medir la inteligencia. Durante generaciones, esa medición estuvo muy enfocada en el conocimiento; sin embargo, hoy también son aceptadas otras formas, como la inteligencia emocional, que tiene que ver con la parte afectiva y social.
Podemos considerar que ambas son complementarias. Desafortunadamente, nuestra educación no está tan enfocada en el desarrollo integral de la persona como debería.
¿Por qué es importante reflexionar sobre esta nota de la inteligencia a la baja?
En realidad, algo con lo que me he estado topando en la sociedad es, precisamente, la falta de comprensión de los problemas reales e importantes que nos están afectando.
Así como este indicador nos está queriendo decir algo, los indicadores de educación, salud y finanzas también nos están marcando una tendencia.
Cuando tomamos esos indicadores como "esto no es para mí” o "a mí no me afecta”, podemos caer en una especie de ceguera social, y cuando las consecuencias se resienten, puede ser demasiado tarde.
Desde la filosofía, los grandes pensadores y escritores coinciden en que el ser humano debe buscar un balance de vida en el dominio emocional, físico, relacional, financiero y espiritual; en pocas palabras, darle sentido, objetivo y propósito a nuestra vida.
Cuando no tenemos bien definidos estos puntos, y no desarrollamos el conocimiento, las habilidades, la actitud y la aptitud para lograrlo, aparece la marea que nos arrastra hacia donde no queremos ir: se empiezan a gestar pequeñas bolas de nieve que, poco a poco, nos van afectando en una o varias partes de la vida.
¿Por qué entonces se nos vuelve tan difícil tener claridad sobre lo que debería ser mejor para nosotros? ¿Y por qué, aun cuando
logramos identificar lo que nos conviene, no lo comprendemos del todo y, por lo tanto, no lo convertimos en conocimiento o herramienta para integrarlo a una mejor calidad de vida?
Existen muchos factores que, a lo largo de nuestra vida, nos van afectando: el entorno en el que crecemos, las creencias de la familia, de la escuela, de la iglesia, etc. Todo ello nos va formando y nos va dando una "realidad” que difícilmente nos atrevemos a cuestionar.
Lo preocupante de ahora es que las nuevas generaciones están, precisamente, cambiando esos estándares: se están atreviendo a explorar nuevas reglas, creencias, etc., que las llevan a nuevas ideologías y formas de pensar, lo cual es positivo desde el punto de vista de hacer las cosas de manera diferente.
La pregunta es simple: si esta fuera la solución, ¿por qué los indicadores de salud, finanzas y relaciones sociales se mantienen a la
baja o en decadencia?
El liderazgo tiene que ver con lo que cada uno de nosotros se compromete a hacer en primera persona. Cuando no logramos empezar a hacer cambios en nuestra propia calidad de vida, difícilmente podremos hacerle ver a otras personas que ellas también pueden lograrlo; por lo tanto, hay que predicar con el ejemplo.
Pero, por otro lado, se requiere que cada líder ayude y busque la manera de elevar los criterios y estándares para que más personas busquen una mejor calidad de vida, se preparen y adquieran las herramientas que requieren.
Aquí es donde vale la pena recordar que la inteligencia, igual que el liderazgo, no es un dato fijo grabado en piedra: se puede fortalecer con conocimiento y con el compromiso de actuar. Para eso existen "leyes universales de vida”, "Normas de convivencias”, basadas en principios y valores, con acciones que no podemos dejar pasar y que se tienen que cumplir para lograrlo. Stephen Covey, en su libro Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, describe la espiral del crecimiento como la adquisición de conocimiento, el compromiso y la acción, un ciclo que se repite y se refuerza cada vez que lo recorremos.
Así como el Inteligencia puede subir generación tras generación cuando hay mejor nutrición, educación y estímulo —y bajar cuando eso se descuida—, nuestra propia inteligencia —y la de quienes lideramos— puede mejorar si volvemos a estudiar, a leer con profundidad y a comprometernos con la acción. No existe otro camino que este: adquirir conocimiento, comprometerse y actuar para lograr una mejor calidad de vida en todos los dominios, de manera integral.
El riesgo de perder esto de vista, como líderes, es que el hoyo negro de la tecnología y la nueva era de las redes sociales nos absorba, que el ruido no nos deje tomar el control de nuestra vida y de nuestro liderazgo, que quedemos a la deriva y, por lo tanto, no asumamos la responsabilidad de nuestras acciones.
Te invito a que, primero, hagas un análisis de cómo te encuentras en cada uno de esos dominios; que seas sumamente honesto contigo
mismo y que te comprometas a tomar el control, a leer, a preguntar, a investigar, a tener curiosidad, para que eso te lleve a explorar nuevas áreas, y a que, si te comprometes a actuar, puedas "medir” tu calidad de vida con inteligencia.
Manuel Gil Pérez
Hombre de familia y exitoso empresario en modelos innovadores de comercialización de productos de salud y bienestar.
Ingeniero en Sistemas Computacionales trabajó por más de 25 años en la CFE Distribución Peninsular desempeñándose en diversos puestos a nivel gerencial dirigiendo a equipos de alto desempeño con un enfoque hacia resultados. Su espíritu de búsqueda incansable de mejora lo llevó a capacitarse en formación empresarial y Liderazgo y aplicar metodologías como Six Sigma, Safe Start, PNL entre otros.
Actualmente dirige un equipo de emprendedores que han consolidado con éxito sus procesos comerciales a través del desarrollo de Liderazgo Transformacional cimentado en valores.
Instructor, conferencista en temas de desarrollo humano, liderazgo y bienestar y colaborador editorialista del Portal Líder Ejecutivo MX.
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