Estrategia sin conversaciones difíciles no es estrategia. Juan Carlos Garcia Barcala

Estrategia sin conversaciones difíciles no es estrategia. Juan Carlos Garcia Barcala

 
Diseñar una estrategia rara vez es el verdadero problema de una empresa. La mayoría de los participantes en los ejercicios de planeación pueden analizar el mercado, definir objetivos, construir escenarios y plasmar todo eso en algo que suene posible. El problema aparece después, cuando ese plan empieza a enfrentarse con la realidad. Ahí es donde muchas estrategias dejan de avanzar, no por falta de lógica, sino por la falta de conversaciones "incómodas”.

En apariencia, todo está alineado: hay acuerdos en la mesa, nadie se opone abiertamente y el ambiente es hasta de fiesta. Sin embargo, pasan los meses y los resultados no llegan. Las prioridades se diluyen, las decisiones se postergan y los comportamientos clave no cambian. Aquí es claro que lo que falla no es la estrategia, sino el silencio que se instala alrededor de los temas que nadie quiere tocar.

Uno de los primeros puntos donde la estrategia empieza a romperse es en las personas. No porque falte talento, sino porque se evita hablar con claridad sobre desempeño, responsabilidades y límites. Se diseñan planes asumiendo que todos están listos para ejecutarlos, cuando en realidad hay roles mal definidos, liderazgos rebasados o personas que ya no encajan con el rumbo que se quiere tomar. En lugar de enfrentar estas conversaciones, muchas organizaciones optan por la comodidad de la ambigüedad. El costo es alto: quienes sí empujan terminan cargando con el peso de una ejecución que otros no están en condiciones de sostener.

Algo similar ocurre con las prioridades. Toda estrategia implica elegir, y elegir siempre significa renunciar. De hecho, estrategia es más saber decir qué no vamos a hacer que lo que sí vamos a hacer. Sin embargo, pocas empresas se atreven a decir explícitamente qué se deja de hacer. Se anuncian nuevos focos estratégicos sin cerrar los anteriores, se acumulan iniciativas que nadie mata y se normaliza la saturación como si fuera compromiso. La falta de renuncias claras no solo dispersa recursos, también erosiona la credibilidad de la estrategia. Cuando todo es importante, nada lo es de verdad.

El problema se agrava cuando la conversación incómoda toca los recursos. Muchas estrategias nacen sin mover realmente dinero, talento o tiempo. Se espera que la ejecución ocurra "además de" lo que ya está en marcha. Nadie quiere entrar en la discusión de qué proyecto pierde presupuesto, qué área cede capacidad o qué iniciativa deja de ser prioritaria.

Evitar ese conflicto es una forma silenciosa de sabotaje. Una estrategia sin reasignación de recursos no es una apuesta real; es solo una declaración de buenas intenciones. Como se dice coloquialmente: "el cariño se pone en el presupuesto”.

Y luego está el elefante en la sala: el poder. Ese tema que todos ven pero nadie menciona. Hay decisiones que no se toman porque implican incomodar a alguien con influencia, cuestionar jerarquías o tocar intereses instalados. En lugar de enfrentarlas, se crean comités, procesos y reuniones que dan la ilusión de avance pero que solo postergan lo inevitable. El poder que no se nombra actúa como freno invisible, y mientras nadie lo pone sobre la mesa, la estrategia queda atrapada en discusiones que nunca tocan lo importante.

Todo esto suele justificarse con buenas intenciones. Se evita la confrontación para cuidar el clima, se posponen decisiones para no generar tensión. Pero una organización no se daña por tener conversaciones difíciles; se daña por no tenerlas. La fricción bien gestionada fortalece la cultura. Lo que la erosiona es la incongruencia entre lo que se dice en el plan y lo que se permite en la práctica. Ejecutar una estrategia no es un ejercicio técnico, es un acto de liderazgo que requiere carácter para decir lo que muchos piensan y pocos se atreven a expresar.

Por eso, cuando una estrategia no avanza, conviene preguntarse: ¿qué conversaciones estamos evitando? Porque el problema no está en el análisis ni en el diseño. Está en las decisiones que no se toman, en las personas que no se confrontan y en las renuncias que no se hacen explícitas. Una estrategia sin conversaciones difíciles no es estrategia, es solo una aspiración bien redactada.


Juan Carlos García Barcala

Juan Carlos es ingeniero industrial y de sistemas por el Tecnológico de Monterrey, con una Maestría en Sistemas de Calidad y Productividad y una especialidad en Administración Financiera. Actualmente, es socio director de PlanEs, empresa de consultoría en planeación estratégica. Ha sido Director General de la Agencia para el Desarrollo de Yucatán y Coordinador General de Proyectos Estratégicos. Apasionado de la tecnología, la lectura, la familia y la buena comida, es también fan del Real Madrid. Su carrera combina excelencia profesional con un enfoque integral en su vida personal.


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