Inicio
Enfrentando retos profesionales y personales. Manuel Gil Pérez
Enfrentando retos profesionales y personales. Manuel Gil Pérez
A través de la literatura que vamos aprendiendo y aplicando en nuestro camino laboral, se genera un conocimiento que —mediante la práctica, el fracaso y la constancia— nos permite superar retos de distintos niveles. Esto desarrolla un grado de sabiduría o expertise en cada uno de nosotros, de acuerdo con nuestras capacidades, talentos y, lo más importante, la actitud con la que los enfrentamos.
Los retos profesionales suelen ser diversos y de distintas índoles: desde el factor humano y los equipos con los que nos rodeamos, hasta los procesos, materiales, el entorno o la medición. Para este tipo de desafíos existe mucha literatura que, de manera práctica y siguiendo una metodología de análisis, nos permite llegar a la causa raíz. Una herramienta excelente para esto es el diagrama de Ishikawa (o espina de pescado). Con un equipo interdisciplinario, siendo objetivos y honestos, se pueden corregir las causas que provocan desviaciones y así alcanzar las metas de nuestra empresa o emprendimiento.
¿Pero qué pasa cuando el reto es personal? ¿Qué sucede cuando el desafío es emocional, como la pérdida de un ser querido o la falta de empatía en tu entorno? ¿Qué herramientas se deben seguir para controlar el pensamiento y las emociones, logrando centrarse en la objetividad mientras se tienen los sentimientos a flor de piel?
Lo primero —dependiendo de cómo cada persona lo perciba— es identificar el entorno necesario para salir adelante. Si bien no se trata de dejar de sentir, es fundamental cambiar el contenido de nuestras conversaciones para empezar a enfocar el análisis en los pensamientos y profundizar en los sentimientos presentes.
Anteriormente, mi percepción era que acudir a profesionales de la salud, como psicólogos o psiquiatras, servía únicamente para hablar y encontrar una "causa raíz". Hoy lo veo de otra manera. Era un pensamiento simplista, especialmente en los tiempos que vivimos, no reconocer que necesitamos rodearnos de profesionales que nos ayuden a conocernos mejor. Necesitamos técnicas para recuperar un nivel óptimo de desempeño, tal como acudimos a nutriólogos para mejorar nuestra calidad de vida o asistimos al médico de manera preventiva.

Sin embargo, existe un momento en el que no eres consciente; un lapso entre el inicio del suceso y la calma de la reflexión en el que comprendes que debes hacer las cosas de forma diferente. Es un momento de caos y sentimientos profundos que parecen "taladrar" el cerebro y se manifiestan físicamente, como ese hueco que se genera en el estómago y en el corazón y que llega a ser físicamente real.
Cuando estamos acostumbrados a enfocarnos exclusivamente en resultados y a dejar de lado los sentimientos, corremos el riesgo de que la empatía no forme parte de nuestro ADN. ¿Te has preguntado cuánta gente a tu alrededor está pasando por un momento de dolor, miedo o frustración? Cuando te encuentras en esta situación y te enfrentas a ciertos patrones, te das cuenta de que "del otro lado está tu otro yo". Es ahí cuando comprendes lo que sucede cuando basas tu liderazgo por encima de las personas y no con las personas.
Considero que el primer paso para enfrentar situaciones de shock —y estoy seguro de que muchos lo hacen, aunque no siempre de forma consciente— es enfocarte en tu espiritualidad y en tu fe. Es entender el dolor, pero aceptar que las cosas no siempre están bajo nuestro control, sino en manos divinas. Estos momentos se vuelven una batalla interna entre pensamientos y sentimientos que mucha gente no logra superar, lo que genera frustración o resentimiento.
Pero, ¿qué pasa si cambias la perspectiva y le encuentras un propósito a tu dolor? ¿Qué pasa si, a pesar de todo y sin dejar de sentirlo, empiezas a hacer cosas que te llenen y te hagan sentir mejor? ¿Qué sucede cuando, aun con el dolor a cuestas, decides crecer para superar ese momento?
Así como existen herramientas técnicas para encontrar la causa raíz de los retos laborales, nuestra fe nos ayuda a encontrar estabilidad. Viktor Frankl mencionó en su obra El hombre en busca de sentido: "Cuando ya no podemos cambiar la situación, tenemos el desafío de cambiarnos a nosotros mismos”. La manera de lograrlo es otorgarle un sentido superior, no estancarse en el pensamiento presente y empezar a ver el futuro por encima de lo que nos abruma.
No es fácil. De hecho, cuando no se gestionan estos problemas, se terminan destruyendo equipos de trabajo, sociedades y alejando a amigos o familiares. Mi recomendación es que, cuando enfrentes un problema emocional que requiera tu energía, busques un ancla en tu fe que te permita salir adelante. A través de la espiritualidad, es posible encontrar confort y paz.
Y recuerda, la próxima vez que estés frente a tu equipo, pregúntate: ¿Qué es lo que realmente veo?
En Memoria de: Rosario Pérez, Lucha Gil, Marcelino Torres, José Luis Verde.
Manuel Gil Pérez
Hombre de familia y exitoso empresario en modelos innovadores de comercialización de productos de salud y bienestar. Dirige un equipo de emprendedores que han consolidado con éxito sus procesos comerciales a través del desarrollo de Liderazgo Transformacional cimentado en valores.
Instructor, conferencista en temas de desarrollo humano, liderazgo y bienestar y colaborador editorialista del Portal Líder Ejecutivo MX.














