El futuro del trabajo no es tecnológico, es psicológico. Karen Salas Tejero

El futuro del trabajo no es tecnológico, es psicológico. Karen Salas Tejero

 

"¿Y si el mayor riesgo de la inteligencia artificial no fuera que nos reemplace, sino que nos haga sentir reemplazables?"

Durante años hemos repetido la misma narrativa: el futuro del trabajo estará definido por la inteligencia artificial, la automatización y las nuevas tecnologías. Las conversaciones en empresas, universidades y gobiernos giran alrededor de la misma pregunta: ¿qué tan rápido debemos adoptar la tecnología para no quedarnos atrás?

Sin embargo, cada vez estoy más convencida de que estamos haciendo la pregunta equivocada.

Porque el verdadero desafío de esta década no será tecnológico.

Será psicológico.

La revolución no ocurre en las máquinas, ocurre en las personas

La tecnología avanza a una velocidad sin precedentes, pero nuestra capacidad para procesar emocionalmente esos cambios no necesariamente evoluciona al mismo ritmo.

Hoy no enfrentamos únicamente una transformación de herramientas o procesos.

Estamos viviendo una transformación de identidades profesionales.

Durante décadas construimos nuestra seguridad alrededor de una profesión, una especialidad o un conjunto de conocimientos. Nuestra experiencia nos daba valor, reconocimiento y, en muchos casos, una parte importante de nuestro sentido de identidad.

Pero ¿qué ocurre cuando aquello que nos definía comienza a cambiar aceleradamente?

¿Qué sucede cuando el conocimiento que nos tomó años desarrollar puede ser replicado, automatizado o complementado en cuestión de segundos por una inteligencia artificial?

La verdadera pregunta ya no es qué trabajo hacemos.

La verdadera pregunta es quiénes somos cuando ese trabajo se transforma.

Y las cifras sugieren que esta transformación apenas comienza.

Según el Foro Económico Mundial, cerca del 60% de los trabajadores requerirá capacitación o reconversión profesional antes de 2030, mientras que se espera la creación de aproximadamente 170 millones de nuevos empleos y la desaparición o transformación de millones de puestos actuales.

Estamos hablando de uno de los mayores procesos de reinvención laboral de la historia moderna.

FOBO: el miedo silencioso de nuestra generación

En este contexto, recientemente escuché un término que me parece especialmente relevante para entender lo que está ocurriendo en el entorno laboral: FOBO (Fear of Becoming Obsolete) o miedo a volverse obsoleto.

No es el miedo a perder un empleo.

Es algo más profundo.

Es el miedo a perder relevancia.

Es la sensación de que nuestros conocimientos podrían dejar de tener valor. De que la experiencia acumulada durante años podría quedarse atrás. De que aquello que nos convirtió en expertos hoy podría no ser suficiente mañana.

Y quizá esta preocupación no sea del todo irracional.

El Foro Económico Mundial estima que para 2030 el 39% de las habilidades que hoy son relevantes para el trabajo cambiarán o quedarán obsoletas.

No es extraño entonces que muchas personas vivan con la sensación de estar corriendo una carrera que nunca termina.

Siempre hay una nueva tecnología que aprender.

Una nueva certificación que obtener.

Una nueva plataforma que dominar.

Un nuevo cambio al cual adaptarse.

El verdadero riesgo no es que la tecnología nos sustituya por completo.

El verdadero riesgo es desarrollar una ansiedad permanente por intentar mantenernos vigentes.



La paradoja humana en la era de la inteligencia artificial

Paradójicamente, mientras más hablamos de tecnología, más evidente se vuelve la importancia de las capacidades humanas.

Cuando observamos las habilidades que el Foro Económico Mundial considera más importantes para los próximos años, encontramos algo revelador: pensamiento analítico, resiliencia, flexibilidad, creatividad, liderazgo e influencia social.

Es decir, competencias profundamente humanas.

Competencias psicológicas.

Competencias que difícilmente podrán automatizarse.

Esta es una de las grandes paradojas de nuestra época: mientras más sofisticadas se vuelven las máquinas, más valiosas se vuelven las cualidades que nos hacen humanos.

Sin embargo, muchas organizaciones continúan enfocando sus esfuerzos en la adopción tecnológica sin prestar suficiente atención al impacto emocional que estos cambios generan en las personas.

La ansiedad frente a la incertidumbre.

La fatiga provocada por el cambio constante.

La presión por mantenerse actualizado.

La sensación de estar siempre un paso atrás.

No estamos viviendo únicamente una transformación digital.

Estamos viviendo una transformación psicológica.

La nueva ventaja competitiva

Por eso creo que el futuro del trabajo no dependerá exclusivamente de quién tenga acceso a la mejor tecnología.

Dependerá de quién sea capaz de adaptarse mejor al cambio.

De quién pueda aprender más rápido.

De quién logre reinventarse sin perder su esencia.

Y de quién conserve la capacidad de encontrar sentido en medio de la incertidumbre.

La ventaja competitiva ya no será solamente la inteligencia artificial.

Será la inteligencia emocional.

Las organizaciones que prosperen no serán necesariamente las más automatizadas, sino aquellas capaces de construir culturas donde las personas encuentren propósito, seguridad psicológica, bienestar y capacidad de adaptación.

Porque la innovación no ocurre únicamente en los algoritmos.

Ocurre en las personas que los diseñan, los utilizan y les dan sentido.

Una reflexión final

Tal vez el reto más importante de esta década no sea aprender a trabajar con inteligencia artificial, sino aprender a convivir psicológicamente con la posibilidad constante de volvernos irrelevantes.

Porque el FOBO —el miedo a volverse obsoleto— no es realmente un miedo a la tecnología.

Es un miedo profundamente humano.

Es el temor de perder relevancia, propósito, reconocimiento y sentido de pertenencia en un mundo que cambia más rápido de lo que somos capaces de comprender.

Por eso creo que la pregunta más importante para líderes, empresas y profesionistas no es cómo prepararnos para la próxima tecnología.

La pregunta es:

¿Cómo desarrollamos personas capaces de reinventarse sin perderse a sí mismas en el proceso?

Porque las organizaciones del futuro no competirán únicamente por tener la mejor inteligencia artificial.

Competirán por tener personas capaces de aprender, desaprender y volver a aprender sin que cada cambio se convierta en una crisis de identidad.

Al final, la tecnología seguirá evolucionando.

La verdadera incógnita es si nosotros seremos capaces de evolucionar con ella.

Y esa no es una cuestión tecnológica.

Es una cuestión profundamente humana.



Karen Salas Tejero

Mercadóloga y Maestra en Innovación por la Universidad de Barcelona. Cuenta con estudios de especialización en innovación y desarrollo de productos por el MIT, así como formación en Psicología Positiva Aplicada. Ha impulsado proyectos de transformación e innovación para empresas, universidades y organismos empresariales, además de desempeñarse como docente y conferencista en temas de innovación, marketing y desarrollo humano.


Fuentes y lecturas recomendadas

  • Future of Jobs Report 2025 (World Economic Forum) 

  • State of the Global Workplace (Gallup) 

  • Viktor Frankl – El hombre en busca de sentido 

  • Edgar Schein – Career Anchors


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