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Deja de trabajar más. Empieza a trabajar en lo correcto. Juan Carlos García Barcala
Deja de trabajar más. Empieza a trabajar en lo correcto. Juan Carlos García Barcala
El ochenta por ciento de lo que logras nace del veinte por ciento de lo que haces.
Esa es la esencia de la ley de Pareto. Y lo más interesante no es la estadística en sí, sino lo que hacemos con ella. Porque aun sabiendo esto, en las empresas seguimos dedicando tiempo, energía y presupuesto al veinte por ciento equivocado. Claro, después nos sorprendemos cuando los resultados no llegan, cuando el equipo está agotado, o cuando la estrategia que parecía brillante en papel simplemente no funciona en la realidad.
Pareto no es solo un concepto matemático que aprendiste alguna vez en la universidad. Si no te acuerdas bien, te lo explico brevemente: es un principio que dice que el 80% de tus resultados proviene del 20% de tus esfuerzos. O dicho de otra forma, una minoría de causas genera la mayoría de las consecuencias. Pero más allá de la teoría, es una advertencia estratégica que te grita desde cada rincón de tu organización. Cuando observas a líderes que construyen empresas sanas y rentables, notas algo muy claro: no trabajan más horas que los demás.
Trabajan con intención. Han desarrollado esa capacidad casi instintiva de identificar dónde está ese veinte por ciento que realmente mueve la aguja, y lo protegen con ferocidad. Dicen no a todo lo demás sin culpa, sin excusas, sin pretender que pueden abarcarlo todo.
Lo he visto cientos de veces trabajando con líderes y equipos ejecutivos. El bienestar de un equipo no depende de programas masivos de beneficios o de iniciativas con nombres sofisticados. Depende de un par de hábitos culturales bien arraigados que sostienen todo lo demás. La salud financiera de una empresa no está escondida en hojas de cálculo con cien pestañas o en reportes que nadie lee completos. Está en cuatro o cinco decisiones esenciales que se mantienen firmes
en el tiempo, incluso cuando hay presión para cambiar de rumbo. Y la claridad estratégica, esa que todos perseguimos, no surge de infinitas sesiones de planeación donde se habla mucho y se decide poco. Surge de ordenar prioridades con honestidad brutal y comprometerse a ejecutarlas bien, día tras día.
La lógica de Pareto aparece en prácticamente todo lo que haces como líder. En los resultados de tu empresa: la mayor parte de tu crecimiento proviene de unas pocas acciones que realmente cuentan, no de la larga lista de iniciativas que acumulas cada trimestre. En tu forma de liderar: la diferencia la hacen unas cuantas conversaciones bien hechas, esas donde hay vulnerabilidad, claridad y compromiso real, no cientos de reuniones vacías que solo llenan calendarios. En tus equipos: el desempeño se dispara cuando identificas y fortaleces los comportamientos clave que generan impacto, no cuando añades procesos por añadir o complicas lo que debería ser simple. Y en tu desarrollo profesional: creces mucho más cuando profundizas en lo verdaderamente importante, en aquello que transforma tu forma de pensar y actuar, no cuando acumulas contenido que después olvidas.
Cuando hablamos específicamente de ejecución, también podemos aplicar esta lógica desde tres ángulos. Primero, la orientación a resultados: la acción concreta pesa infinitamente más que la planeación excesiva que nunca se traduce en movimiento. Segundo, la orientación a ejecución: avanzar, aunque sea de forma imperfecta, importa más que teorizar sin parar sobre el plan perfecto. Y tercero, la orientación a consistencia: la disciplina diaria, esa que nadie aplaude pero que todo lo sostiene, supera al talento ocasional que brilla un día y desaparece al siguiente.
El punto aquí es tremendamente simple, aunque no siempre fácil de aplicar. No necesitas hacer más cosas. No necesitas trabajar más horas. No necesitas agregar más complejidad a tu operación. Necesitas hacer lo correcto. Cuando eliges bien dónde poner tu veinte por ciento de energía, enfoque y recursos, el resto empieza a ordenarse solo. Las prioridades se vuelven más claras. Tu equipo entiende qué importa de verdad. Los resultados comienzan a aparecer con menos fricción.
Lo interesante es que la mayoría de los líderes ya saben esto. Lo han leído, lo han escuchado en conferencias, incluso lo han comentado con sus equipos. Pero saber no es lo mismo que aplicar. Y aplicar requiere algo incómodo: renunciar.
Renunciar a proyectos que suenan bien pero no generan impacto. Renunciar a reuniones que existen solo por costumbre. Renunciar a la ilusión de que puedes abarcarlo todo sin sacrificar nada.
Los líderes que construyen organizaciones sólidas entienden que su trabajo más importante no es hacer más, sino crear las condiciones para que su equipo pueda concentrarse en ese veinte por ciento vital. Y eso, muchas veces, significa protegerlos del ochenta por ciento de ruido que viene disfrazado de urgencia.
Si, la pregunta realmente es ¿tu equipo tiene espacio para enfocarse en lo que realmente mueve el negocio, o los tienes atrapados en el ruido operativo que solo genera la ilusión de progreso?
La decisión es tuya.
Juan Carlos García Barcala
Juan Carlos es ingeniero industrial y de sistemas por el Tecnológico de Monterrey, con una Maestría en Sistemas de Calidad y Productividad y una especialidad en Administración Financiera. Actualmente, es socio director de PlanEs, empresa de consultoría en planeación estratégica. Ha sido Director General de la Agencia para el Desarrollo de Yucatán y Coordinador General de Proyectos Estratégicos. Apasionado de la tecnología, la lectura, la familia y la buena comida, es también fan del Real Madrid. Su carrera combina excelencia profesional con un enfoque integral en su vida personal.













