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Cumplir no es suficiente. Juan Carlos García Barcala
Cumplir no es suficiente. Juan Carlos García Barcala
Hay algo que muchas empresas todavía no terminan de aceptar: cumplir ya no es suficiente. Puedes tener políticas, protocolos y canales bien definidos, puedes pasar auditorías y pensar que todo está en orden, pero el día que alguien realmente necesita hablar, todo eso se pone a prueba. Y es ahí donde la mayoría de las organizaciones falla, no por falta de estructura, sino porque entre lo que está escrito y lo que realmente sucede sigue existiendo una brecha que nadie quiere reconocer.
Esto se vuelve todavía más relevante en el contexto actual. En México y en el mundo, los cambios regulatorios, las nuevas exigencias en temas laborales, el enfoque en riesgos psicosociales y la presión creciente por generar entornos de trabajo más sanos están elevando el estándar. Ya no se trata solo de cumplir con la norma, sino de demostrar que la organización realmente funciona como dice que funciona.
Hoy las organizaciones han avanzado. Tienen mecanismos, documentos, procesos. Han hecho el esfuerzo. Pero el problema no está en tenerlos, sino en lo que pasa cuando alguien decide usarlos. Porque en ese momento no aparece un protocolo, aparece una persona.
Ahí es donde entra lo que muchas organizaciones llaman "consejero”… y otras ni siquiera tienen definido como rol formal, pero que en la práctica siempre termina recayendo en alguien de la alta dirección.
No está para investigar ni para sancionar, tampoco para tomar decisiones. Su rol es mucho más simple y mucho más relevante: ser el primer contacto humano cuando alguien vive una situación difícil. Es quien escucha cuando hay miedo, quien da claridad cuando hay confusión y quien transmite seguridad cuando todo lo demás es incertidumbre.
Ese primer momento define todo. Si funciona, el sistema funciona. Si falla, el resto pierde sentido.
Por eso, más allá del nombre, el consejero, o esa función dentro de la alta dirección, no es una figura operativa, es una pieza clave de la cultura. Y aquí es donde muchas empresas se equivocan, porque creen que el compliance se resuelve diseñando bien el proceso, cuando en realidad el problema nunca está en el diseño, sino en lo que pasa en la práctica. La distancia entre lo que se define y lo que realmente sucede sigue siendo el punto donde las organizaciones se rompen.
Puedes tener el mejor protocolo, pero si no se vive, no sirve.
Ahí es donde el consejo de administración y la alta dirección deberían poner el foco. No en si el mecanismo existe, sino en si realmente funciona. No en si está documentado, sino en si genera confianza. Porque cuando no lo hace, el problema deja de ser legal y se vuelve organizacional.
Aparecen el desgaste, los conflictos, la rotación y la pérdida de talento, y entonces ya no estamos hablando de recursos humanos, estamos hablando de dirección.
Al final, la pregunta no es si tu empresa cumple, la pregunta es mucho más incómoda: ¿tu gente confiaría en levantar la mano? Porque si la respuesta es no, entonces no tienes un problema de regulación, tienes un problema de liderazgo.
Juan Carlos García Barcala
Juan Carlos es ingeniero industrial y de sistemas por el Tecnológico de Monterrey, con una Maestría en Sistemas de Calidad y Productividad y una especialidad en Administración Financiera. Actualmente, es socio director de PlanEs, empresa de consultoría en planeación estratégica. Ha sido Director General de la Agencia para el Desarrollo de Yucatán y Coordinador General de Proyectos Estratégicos. Apasionado de la tecnología, la lectura, la familia y la buena comida, es también fan del Real Madrid. Su carrera combina excelencia profesional con un enfoque integral en su vida personal.















