Cuando dejas de culpar, empiezas a crecer. (II) Reyes Aguilar

Cuando dejas de culpar, empiezas a crecer. (II) Reyes Aguilar

 
Para crecer no hay que esperar el momento perfecto ni las condiciones ideales. Para crecer hay que elegir cada día hacernos cargo de lo que somos, de lo que hacemos y de los resultados que estamos construyendo. Cuando asumimos nuestra responsabilidad, dejamos de reaccionar y empezamos a dirigir nuestra vida, empezamos a crecer.

Cuando algo no funciona en el matrimonio, en la familia, en el trabajo, en las finanzas o en la vida personal, tendemos a reaccionar de forma automática, defensiva y poco consciente. Sin darnos cuenta, activamos mecanismos que nos protegen emocionalmente, pero que sabotean nuestro crecimiento. En la entrega pasada analizamos cuatro de esos mecanismos: la racionalización, el autoengaño, la autojustificación y el victimismo.

Hoy quiero invitarte a analizar dos más de esas respuestas silenciosas que sabotean nuestro cambio real: la negación y la proyección. No para culparte, sino para devolverte algo mucho más valioso: el control y la posibilidad de crecer de verdad. Prepárate… ¡Lo mejor está por venir!

La negación: no hay peor ciego que el que no quiere ver

La negación es cerrar los ojos frente a una realidad incómoda. Es minimizar el problema, suavizarlo o disfrazarlo para no enfrentarlo. Veamos algunos ejemplos:

  • No estoy descuidando a mi familia, solo estoy muy ocupado trabajando para ellos.
  • No estoy perdiendo el rumbo, solo estoy tomándome tiempo para decidir.
  • No tengo problemas de liderazgo, solo falta compromiso del equipo.
  • No estoy estancado profesionalmente, solo estoy esperando el momento adecuado.
  • No gasto de más, solo me doy gustos.

La negación distorsiona la realidad. Mientras creemos que "todo está bien”, los resultados cuentan otra historia: situación financiera comprometida, estancamiento profesional, nuestro cuerpo nos está pasando facturas elevadas,  familia disfuncional, matrimonio a punto del divorcio, y la lista puede ser infinita. Negar no elimina el problema; solo lo aplaza. Y lo que se aplaza, crece como una bola de nieve que más temprano que tarde nos destruirá.

El peligro no está en equivocarse, sino en no reconocer nuestro error. Cuando negamos "por deporte”, estamos comprando problemas mas grandes mañana. Lo que no enfrentamos a tiempo, nos alcanzará y nos golpeará más duro mañana. La negación no protege, daña. No cuida, destruye. No salva, condena.

La proyección: ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio

La proyección aparece cuando trasladamos nuestra responsabilidad a otros. El problema es el conyuje, nuestros padres, el jefe, el sistema, el gobierno, el líder religios, el otro, las circunstancias, el entorno. Todos, menos yo.

Cuando proyectamos, dejamos de aprender. Cada conflicto se convierte en una pelea externa y nunca en una revisión interna. Así se repiten los mismos errores con distintos escenarios y distintas personas, pero con el mismo resultado.

Proyectar es cómodo porque evita el dolor de reconocer errores, pero tiene un precio alto: perdemos control sobre nuestra vida. Mientras el culpable siempre sea el otro, el cambio nunca llegará y el crecimiento, menos.

Mirar hacia adentro exige valentía, pero también libera. El día que dejamos de señalar, recuperamos el poder de decidir, corregir y crecer. Vale la pena intentarlo.

Ni ciegos ni acusadores

La diferencia entre crecer y estancarse no está en las circunstancias, sino en la disposición del corazón. Quien escucha y corrige avanza; quien se justifica, se detiene.

La negación nos vuelve ciegos y la proyección nos vuelve acusadores. Mientras señalamos afuera, seguimos evitando lo que duele mirar adentro. Jesús, con estas palabras, nos dio la llave del crecimiento: "¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo?”. El crecimiento no comienza cuando el otro cambia, sino cuando dejamos de culpar.

El manual del fabricante lo dice muy claro:

"El camino del necio es derecho en su propia opinión, pero el que escucha consejo es sabio.” Proverbios 12:15

Mientras sigamos convencidos de que "estamos bien”, aunque los resultados digan lo contrario, no haremos cambios, no habrá crecimiento. El crecimiento no comienza cuando todo juega a nuestro favor, empieza cuando dejamos de excusarnos y de justificarnos, sucede cuando abrimos nuestros ojos y aceptamos nuestra responsabilidad. Recuerda: "es tu vida, es tu responsabilidad”, "es mi vida, es mi responsabilidad”.

Reyes Aguilar Medina

Autor del libro "Construyendo mi Felicidad” (Amazon, julio 2024), una obra que reflexiona sobre el sentido de vida, propósito y plenitud desde una perspectiva de responsabilidad personal e integral del ser humano. Es socio fundador de Grupo Blue Ocean, grupo empresarial enfocado en la innovación tecnológica dentro del sector de Tecnologías de la Información.

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