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Código de Ética... ¿Moda o Necesidad? Adalberto Fuguemann
Código de Ética... ¿Moda o Necesidad? Adalberto Fuguemann
"Las palabras mueven, pero el ejemplo arrastra”
Si a usted, amigo lector, le preguntaran cual es el problema número uno de nuestro país, en materia de administración, pública o privada, seguramente su respuesta inmediata sería: ¡la corrupción!, o algún acto que esté íntimamente ligado a ella. Desde el narcotráfico hasta la expedición de documentos oficiales, las empresas y los individuos buscan sacar provecho de situaciones o de posiciones para obtener un beneficio ilícito, se vive pues en un inframundo de corrupción.
Desgraciadamente el dato duro confirmaría su aseveración. Transparencia Internacional, organismo líder en materia de medir el índice de corrupción, señala que México se encuentra en el lugar 141 de 182 naciones evaluadas, hace 10 años éramos el número 100.
El país obtuvo 27 puntos en una escala de cero (altamente corrupto) a 100 (muy limpio), en que el número uno, el menos corrupto, es Dinamarca, con un puntaje de 90 y en el último lugar lo detentan Somalia, Sudán del Sur, Siria y la tan lastimada Venezuela. México se percibe un país en que campea la corrupción.
El contraveneno de la corrupción es la comprensión y el uso de la ética. La axiología lleva inherente la posibilidad de ir minando al fenómeno y solo la acción colectiva, tan útil como necesaria, nos permitirá avanzar en la lucha contra este virulento mal social.
Empecemos por el principio, diría Perogrullo, y centrémonos en los Códigos de Ética y de Comportamiento Organizacional que son ya componentes indispensables de cualquier empresa que busque la calidad, la competitividad y la excelencia.
Cada vez son más las organizaciones que cuentan con una visión de futuro clara, sólida y consistente, capaz de despertar el sentido de vida y el compromiso laboral para asegurar la permanencia de la organización en beneficio de las futuras generaciones, para ello, dentro de su política de calidad han declarado los valores institucionales que son las premisas que habrán de dar sustento a la actuación de los colaboradores a través de comportamientos observables, que más que una formalidad empresarial, son una forma de vida.
Para dar vida a esos principios y evitar que tal declaración de principios quede solamente en una carta de buenas intenciones o en mentirosas afirmaciones mañaneras, las organizaciones han instituido los llamados Códigos de Ética, instrumentos de apoyo jurídico-administrativo que constituyen una herramienta de compromiso tripartita: empresa o dependencia-colaborador-sociedad para contribuir a mejorar esa atmósfera de confianza y seguridad.
Sin embargo, cabe reflexionar acerca de qué tanto se asemejan los comportamientos de las personas a lo establecido en esos códigos. Es decir, cuál es la diferencia real entre lo positivo y lo normativo.
En efecto, en ocasiones los comportamientos de los integrantes de las organizaciones son diametralmente opuestos a lo declarado en esa carta de valores éticos, y tenemos miles de ejemplos, algunos muy recientes en nuestra vida pública, por lo que se recomienda establecer un sistema de formación efectiva para la práctica de dichos valores a través de programas de desarrollo humano y de transparencia en las instituciones para que sus integrantes, empresa, colaboradores y proveedores, conozcan, aprendan, vivan y se comprometan con la práctica del Código, favoreciendo así a una mejor calidad de vida y de clima organizacional, social y personal.
¿Porqué un Código de Comportamiento Organizacional? Ante todo, porque un individuo, una organización, una institución o una sociedad sin valores, está condenada a perecer en la podredumbre.
El Código no es, pues, una moda, es una necesidad ingente para recuperar
autoestima y dignidad y para salir, en el caso de México, del vergonzoso lugar 141 en que nos coloca Transparencia Internacional al medir los índices de percepción de la corrupción.
Es, entonces un tema para meditar y para resolver. Además, facilita la comunicación efectiva a través de sugerencias, basadas en principios universales generalmente aceptados y que han dado resultados alentadores en otras organizaciones, instituciones y países, generando un clima sano, armónico y propicio para el trabajo eficiente, cubriendo los siguientes aspectos, mismos que son reflejo de honestidad, honradez y honorabilidad:
Proporciona respuestas a dudas surgidas por parte de los miembros de la organización, en cuanto a cómo actuar ante situaciones determinadas
Fomenta una respuesta rápida y efectiva por parte de los colaboradores de la empresa al entender las necesidades de los clientes
Propicia la armonía entre los componentes de la organización, mediante actitudes positivas ante las interacciones entre empresa-colaboradores-proveedores.
Constituye un instrumento valioso para la inducción de las personas a la organización, a las instituciones (tan destruidas hoy) y/o a la ocupación de un nuevo puesto, porque demuestra como son las conductas deseables dentro de la misma
Desarrolla habilidades en los colaboradores de la empresa o de los servidores públicos, para satisfacer en forma efectiva, tanto las necesidades prácticas como las de carácter personal de los clientes y proveedores internos y externos
Si cada institución, empresa, organización, familia o individuo estableciera su código de valores y lo pusiera en práctica a través de la vivencia y del modelamiento hacia los demás, tendríamos una sociedad más sólida y segura y eso ciertamente vale la pena.
Adalberto Füguemann
Economista con estudios de postgrado en Administración de Hospitales, Administración Pública, Mercado de Valores, Turismo, Alta Dirección de Empresas y Economía Circular, egresado de la Universidad Autónoma de Puebla, primer lugar de su generación. Cuenta con gran experiencia dentro de la Administración Pública Federal y la Iniciativa Privada.
Participó como negociador del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá. En FONATUR ocupó las Direcciones Generales Adjuntas de Administración e Inversiones Turísticas. En la Iniciativa Privada fue Director General en diferentes corporativos: Grupo Industrial BONASA, High Yield Consulting, Grupo Energético del Sureste, Grupo Tablex, Industrial Harinera "La Asunción”, Grupo HARUN (26 molinos de trigo) y Fundación Tamariz Oropeza.
Cuenta con 46 años de experiencia académica como catedrático a nivel licenciatura y maestría en prestigiosas casas de estudio
Editorialista y comentarista de Economía y Finanzas para las cadenas Radio ACIR, Grupo Cinco Radio, Radio Capital y Poder Edomex Digital.
Consultor asociado para la U.S. Wheat (USA) y para la firma Deloitte and Touche. Consejero permanente honorario de las firmas High Yield Asociating, Corporativo Ges y Grupo Industrial Bonasa y miembro de número del Centro de Excelencia en Gobierno Corporativo (Deloitte-Universidad Anáhuac).
Autor de 2 libros sobre gestión de destinos turísticos.
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