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Invertir donde el valor se multiplica. Juan Carlos García Barcala
Invertir donde el valor se multiplica. Juan Carlos García Barcala
Desde mi práctica profesional, diré algo que es difícil reconocer ante la falta de planeación estratégica en algunas empresas: y es que hay momentos en que las decisiones estratégicas en lugar de tomarse en los war-romms, éstas se toman casi casi en el campo de batalla. ¿A qué me refiero?
Se toman en el flujo de efectivo, en la contabilidad, en la estructura fiscal, en la tecnología que eliges o dicho ya más claro, en la nómina que puedes pagar. Y pocas decisiones revelan tanto sobre el rumbo de una empresa como la que se avecina para muchas organizaciones en México: ¿contratar personas o invertir en sistemas que hagan su trabajo?
No es una disyuntiva moral, es una ecuación de valor. Y como toda ecuación, se resuelve con datos: la inteligencia artificial, esa que muchos aún ven como un bonito juguete o una promesa lejana, ya está entregando incrementos de productividad de hasta 80%. Redactar contratos, responder correos, organizar información, generar ideas, diseñar campañas, dar servicio al cliente. Tareas que antes tomaban días, ahora toman minutos. Y si antes requerías tres personas para lograrlo, hoy puedes hacerlo con una que domine los "prompts” correctos.
En paralelo, el costo de contratar humanos sube. No por exigencia del mercado, sino por decisión fiscal. El impuesto sobre nómina, ese que se cobra por cada trabajador formal, no depende de tu rentabilidad ni de tu liquidez. Se activa mientras mantengas empleados. Aunque estés en crisis, aunque no generes utilidades, aunque sobrevivas apenas.
Ese impuesto castiga la formalidad. Penaliza al que da prestaciones, al que cotiza, al que declara. Y cuando se incrementa, como ocurre en varios estados del país, la señal es clara: el trabajo humano formal es cada vez más caro. No por su talento, sino por la carga que representa.
En esa coyuntura, ¿de verdad sorprende que muchas empresas empiecen a mirar con seriedad la opción de reemplazar procesos humanos por procesos automatizados? ¿De verdad podemos culpar a quien decide invertir en tecnología si el sistema le castiga por invertir en personas?
Michael Porter lo dijo varias veces: la ventaja competitiva no está en hacer más, sino en hacerlo distinto. Y hoy, lo distinto no siempre es contratar.
A veces, lo estratégico es optimizar, lo inteligente es automatizar, lo necesario es sobrevivir.
Ya lo había advertido también Peter Drucker cuando dijo que el futuro del trabajo no dependería de la fuerza, sino del conocimiento. Lo que él no imaginó fue que el conocimiento mismo sería replicable por sistemas que aprenden solos. La pregunta no es si eso es justo. La pregunta es si estamos listos para competir en un entorno donde la verdadera diferencia la hacía el equipo humano y hoy, esa diferencia está en el algoritmo.
Invertir donde el valor se multiplica ya no es solo una frase elegante. Es la nueva regla. Porque cuando el sistema premia la automatización y castiga la contratación, las empresas harán lo que han hecho siempre: adaptarse.
Lo interesante del tema es que la tecnología ya no representa una barrera de entrada. No se requiere una inversión millonaria para acceder a herramientas de productividad avanzadas. Hoy, muchas de estas plataformas operan bajo esquemas de pago mensual, con costos menores al salario de un solo empleado. El verdadero gasto está en la curva de adaptación: unas horas de consultoría de implementación, el rediseño de procesos, y una mentalidad abierta al cambio. Eso es lo que definirá quién gana la siguiente etapa competitiva.
En ese sentido, el reto ya no es tecnológico ni financiero. Es estratégico. Porque frente a un entorno que encarece el talento y abarata la automatización, la clave estará en decidir con claridad dónde está el valor real: en repetir procesos, o en liberarlos; en tareas operativas, o en capacidades diferenciales; en lo que hacen todos, o en lo que solo tu equipo, aunque sea uno pequeño, puede aportar.
Las empresas que entiendan eso no solo sobrevivirán. Liderarán.
Juan Carlos García Barcala
Juan Carlos es ingeniero industrial y de sistemas por el Tecnológico de Monterrey, con una Maestría en Sistemas de Calidad y Productividad y una especialidad en Administración Financiera. Actualmente, es socio director de PlanEs, empresa de consultoría en planeación estratégica. Ha sido Director General de la Agencia para el Desarrollo de Yucatán y Coordinador General de Proyectos Estratégicos. Apasionado de la tecnología, la lectura, la familia y la buena comida, es también fan del Real Madrid. Su carrera combina excelencia profesional con un enfoque integral en su vida personal.

















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